miércoles, 1 de abril de 2015

Entrevista al Padre Carlos Juncos



Padre Carlos Juntos.  Sacerdote  a cargo de la Parroquia Espíritu Santos de la  ciudad de Río Cuarto.  
Walter Bonetto  Entrevista al Padre Carlos Juncos  el día  jueves 26 de febrero de 2015.



Padre Carlos, gracias  por permitir esta nota,  me interesa mucha hablar con usted  porque lo considero  como un referente  muy importante  para muchos aspectos de nuestra sociedad. Siempre  me impacto su labor, lo he observado como a un hombre comprometido con la sociedad.

—Le agradezco yo, y tal vez como a usted le pasa con la escritura uno lo que hace lo hace con gusto  y no siempre le parece que sea digno de mayor consideración, pero bueno, por lo menos en mi caso trato de vivir intensamente a fondo las condiciones que le tocan. Realmente le agradezco este momento.


¿Cómo fue en su vida el momento que usted decidió  abrazar el sacerdocio?
—Bueno esto es algo que me acompaña desde pequeño,  yo hice aquí mi primera comunión  en la Capilla de San José. La catequesis de mi primera comunión me la dio el Padre Carlos Gross un misionero del Verbo Divino que tenía un especial  carisma con los niños lo que se convertía en algo que nos cautivaba.  Fue durante el contexto de la catequesis que  yo estaba en mi casa,  a unas cuadras de la iglesia de San José, me encontraba leyendo un trocito de la biblia que se encontraba  en el cuadernillo de la catequesis  y ahí me surgió una convicción interior, que si Dios era lo que es,  yo tendría que ser para él. Allí nace mi vocación.  Para el día de mi primera comunión  hablé con mis padres y le anuncié  mi vocación, la que progresivamente con el paso de los años y durante mi adolescencia se fue reconfirmando  y se afianzó mucho eso me fue acompañando y fue creciendo conmigo sobre todo  en los años que mi familia se fue a vivir a Gigena , yo tenía diez años y  encontré un mundo con mucha  efervescencia religiosa donde encontré en ese lugar al padre Estafolani que después fue rector en el seminario  y luego  obispo, también conocí al padre Carloni. Por aquellos años la vida juvenil de las parroquias era muy  fuerte y en ese concepto mi vocación siguió creciendo, luego del secundario  entre al seminario. En aquel momento yo entre al seminario  con el concepto que entrabamos para ordenarnos, no entrabamos para ver ni para discernir. Es que entrar era la decisión más fuerte y teníamos 17 o 18 años.

¿En esa edad  no era fácil dejar esas cosas tentadoras  de la vida para someterse a una conducta del sacerdocio?
—Para nada, yo jugaba al futbol, era buen alumno, me habían ido a buscar a mi casa  ofreciéndome una beca  para que estudiara  lo que quisiera.
¿Y en aquella de jovencito y seguramente muchachito pintón  apareció la noviecita?
—Nunca estuve de novio oficial pero si tuve afectos muy intensos, pero mi camino era otro. A mí me pasó que yo en el último año del secundario busqué  a alguien que me dijera que yo no tenía que ser cura y no lo encontré, pero lo peor de todo es que no era que yo no encontrara quien me dijera eso, sino que desde adentro  de mi corazón no lo encontraba, entonces la angustia me carcomía por dentro.

¿Dentro de ese cuadro de situación en su vida, existió  un algo puntual que lo llevó a la decisión de ser sacerdote  o es una sucesión de cosas que se presentaron para convencerlo de ese camino?
—Cuando era niño era como algo rutinario sentir situaciones en mi vida espiritual que me acercaban a la fe pero  ya en los últimos años de mi adolescencia a pesar de que uno quería escapar  aparecieron momentos muy fuertes y ahí  ocurre que al escuchar un texto de la palabra de Dios en una misa  yo sentí  que me dejó estupefacto, una cosa de no saber dónde estaba. También cuando estaba en el último año del secundario el párroco para un jueves santo me pidió que yo ayudara a dar la comunión y también eso fue muy fuerte tocar  el cuerpo de cristo y dárselo a otro me conmovió muy profundamente, eran los signos que recibía. También el 24 de mayo de aquel año había venido a la iglesia San Martin de Porres  a compartir unos días con el Padre Barbero  quien estaba empezando a alojar a niños en situación de calle,  trabajando en ese lugar,  en un momento al frente del sagrario, tuve un momento muy fuerte en donde sentí  que Dios me hacía saber  que ese era mi camino.  

¿Siente que La vida  del sacerdote es un compromiso supremo para brindarse a la comunidad?
—Sí, nosotros no tenemos una profesión, tenemos una vocación,  entonces no hay diferencia entre nuestra vida privada  y nuestra vida de servicio o vida pública, entonces   el llamado es totalizante y no solo porque incluya el celibato que no es un dato menor , esto implica que uno tenga todo   los aspectos de su vida ordenados  para anunciar el evangelio a celebrar  el encuentro con Dios en la gente , todo eso implica saberse y sentirse propiedad de Dios lo cual es todo: el sueño, el pensamiento, el dinero que uno puede tener o no tener, el tiempo, las relaciones, la diversión, el deporte.

¿Usted siente que el sacerdote está obligado a ser ejemplo  en la vida?
—Sí  a pesar que muchas veces hay espacios que uno siente que tendría derecho de manifestar  un aspecto, una idea, pero uno como sacerdote se priva por el riesgo de que su pensamiento sea malinterpretado, entonces uno se priva  a eso por amor a los demás y en este contexto es que se observa y se practica la dimensión paternal del sacerdocio.

¿Cómo es un día suyo aquí en la Parroquia  Espíritu Santo?
—Me levanto temprano, cada día antes de las ocho,  celebro la misa en el monasterio, luego  doy clase  y también por la mañana  visito a los enfermos, y bendigo a los hogares, generalmente termino mi actividad  alrededor de las 14 horas  y comparto el almuerzo con mi mamá  quien vive cerca de la parroquia, después de eso a veces hay espacio para un breve descanso o actividad física para luego estudiar, preparar escritos, luego atiendo a la gente en la parroquia, posteriormente celebro la misa en Espíritu Santo para luego concluir con reuniones que cada día se realizan de tal forma que es raro que yo me vaya a dormir antes de la una y media de la mañana. Esto en general ocurre todos los días de la semana.

¿Los días domingos es más exigida su actividad?
—Es más exigida por la mayor cantidad de misas pero también es más ordenada. Los días de semana surgen problemas que exigen que uno se reordene  constantemente por la situación que se presenta sin previo conocimiento como el caso de visitar  enfermos, personas fallecidas, como también personas que aparecen muy angustiadas,  son todas situaciones que requieren atención inmediata  pero a lo mejor ese tiempo estaba previsto para otra actividad  o para estudia o para rezar o para cortar el pasto en el patio de la parroquia, pero uno tiene que tener esa condición de mantenerse disponible reordenándose cada dia.

¿Padre, usted se siente una persona querida?
—Sí, me siento una persona querida.

¿Cómo ve  a Río Cuarto?
—Bueno sobre esto he tenido que pensar varias veces, además el nuevo obispo,  Monseñor Rodolfo, nos ha hecho esa pregunta.  Rio Cuarto tiene muchas cosas muy valiosas, muchas personas muy valiosas, aunque  a veces no gozan de la difusión  que se merecen. A mí siempre me gusta resaltar todo aquello  exista  de bendición en las personas.  Hay en Río Cuarto mucha gente empeñada en trabajar para el bien de los demás, que poseen  mucha capacidad de sacrificio de atención al otro; hay un capital humano  muy importante. Eso veo en Rio cuarto.  Pero también una de las cosas que a mí me preocupa de Río Cuarto que al ser un núcleo financiero muy grande, muy fuerte,  tiene todas las tentaciones de las realidades que genera el dinero, por ejemplo un alto afecto por las apariencias, que muchas veces no se condicen con la realidad de las personas ni de sus posibilidades reales, entonces en muchos casos eso genera un quiebre que a la larga trae dolores y problemas, pero también he visto en estos veinte años que vivo constantemente en Río Cuarto que hemos ido creciendo. Sin duda que existen algunos aspectos de  la vida social que se han ido echando a perder  por la pérdida de valores  pero yo entiendo  que muchos de esos valores se reemplazan.   Siempre entiendo  que cada momentos tiene su gracia y su pecado, en este momento tenemos un cierto crecimiento vinculado a la manera de pensar sobre algunas cosas que veinte años atrás eran inimaginable, ahora también he visto que hemos ido creciendo, que tenemos posibilidades de organizarnos  para construir el bien común lo que es muy importante. Yo creo que van a venir tiempos  que vamos a disfrutar  mucho de esto porque va ir floreciendo.

¿Qué piensa un sacerdote de la conducta del hombre actual y del mundo actual que ofrece tanta violencia?
—Siempre sigo pensando que el hombre es la mayor riqueza, yo amo a esa canción que nos dice: “… la pucha con el hombre querer ser tantas cosas… es la fantasía que Dios creo…” esto se parece una expresión bíblica, yo creo en el hombre pero siempre el desafío es el hombre mismo. Por lo que pasa con el hombre le otorgó un alto grado de responsabilidad al sistema capitalista en su versión, al neoliberalismo porque muchas de las cosas que nos ocurren están vinculadas a la ambición de poder  en donde se le rinde culto al dios del dinero. También rechazo al marxismo por varias razones en primer lugar porque no pone al hombre en el centro termina rindiéndole culto a lo material con la excusa de la redistribución  pero si no hay libertad para la persona no hay posibilidad de vivir dignamente el Papa Francisco el año pasado se expresó en contra del sistema capitalista y la CNN le dio “medalla de cartón” de manera burlona y para darle el mensaje que no entendía nada de economía. Lo que ocurre que cualquier manera de pensar en contra el libre mercado es socialismo,  a veces se tilda de socialismo a experiencias que son  neoliberales  en donde el hombre no es el centro,  pero es necesario comenzar a pensar las cosas no en el término de ganancias, sino en el término de humanidad y para salir de esa discusión sea cual sea el sistema lo que debe primar es la persona, y no solo el individúo sino la persona como comunidad, la familia, el barrio, la nación y desde esa perspectiva reordenar todo lo demás que tiene que ver con lo jurídico, lo productivo. Con el tema ecológico hay un desequilibrio en la humanidad y es un tema súper gravitante y vemos que muchas veces a través de la ambición del hombre hace que en todo el mundo haya  catástrofes climáticas las que inciden con mayor virulencia en los más humildes. Estos problemas se presentan como el símbolo en donde debemos empezar a trabajar.

Padre ¿Usted tiene esperanzas de que la  humanidad mejore?
—Sí, siempre tengo esperanzas.

¿Cómo ve a la juventud?
— Siempre digo que hay que estar con los chicos y encuentro que nuestros chicos son muy buenos pero están sometido a grandes presiones. Algunos cometen actos que  a veces son desagradables  pero no son la mayoría.  Creo  que  el problema de los jóvenes somos los adultos porque somos una generación que ha renunciado a la madurez y a la paternidad, los chicos viven en un mundo sin padres, en línea general. Los padres quieren ser los amigos de los chicos; los padres no soportan que los chicos rivalicen con ellos. Yo siempre le digo a  muchos padres que tienen hijos adolescentes: el negocio del chico es ver hasta dónde llega el contacto del padre mientras que el negocio del padre es el de saber ponerle límites al hijo, pero los padres no están dispuestos y muchas veces no los soportan, por muchos motivos: porque están cansado del trabajo, porque tienen frustraciones en sus propias vidas, o porque no están preparado para ser padres en estos tiempos lo que no se aprende en ninguna parte sino que depende de su experiencia. Pero hecha la comprobación de que cuando uno le ofrece a un hijo cosas lindas y valiosas  los chicos se predisponen y ponen el corazón.  

Hay muchos jóvenes que no estudian ni trabajan teniendo institutos de formación gratuita a su alcance da la sensación de que muchos jóvenes  no desean sacrificarse para alcanzar una meta  ¿ve  esto como un problema? 
— Bueno debo reiterar que el problema está en los mayores como lo expreso con anterioridad y comparto que también se ha perdido  el sacrificio como un valor, el esfuerzo es un valor, no cabe dudas y esto no se ve en el presente como algo seductor  que merezca que uno le ponga el corazón, así lo viven muchos jóvenes. Sí es cierto también que hay una alta dosis de una cultura facilista donde las cosas se consiguen sin que uno logre el mérito adecuado para lograrlas y ese es un aspecto muy preocupante. Hace muchos años se viene mencionando  sobre  la enfermedad de la depresión  en las personas y en la actualidad hay mucha gente que la padece la cual en gran medida está vinculada a la falta de esfuerzo en las etapas formativa de la vida y aquí juegan un papel importante los padres que tal vez tenga que vencerse a sí mismo con respecto a lo que recibió es proponerse el desafío y asistir a su hijo de manera que el hijo se fortalezca pero lamentable se sigue viendo que en muchos casos a los padres no les alcanza sus fuerzas morales y espirituales para ponerse en esa situación.

¿Qué opina del matrimonio igualitario?
—Yo me siento confirmado por el Papa en muchos de mis sentimientos. Opino que las condiciones de las personas que viven en pareja de su mismo sexo lamentablemente son personas que tienen riesgos de sufrir mucho. A mí lo primero que me surge ante estos casos es un deseo de comprender, de acompañar, de contribuir a sanar las heridas en esas personas por el rechazo que van a tener de parte de mucha gente. Yo también opino que si dos personas se quieren y comparten su vida ¿Por qué una no puede hacerla beneficiaria a su obra social? ¿Por qué si se cuidaron mutuamente no podrían heredarse? Son otros criterios que hacen a lo personal. Yo no le tengo miedo a que haya incremento de matrimonios de personas del mismo sexo. El padre Barbero él decía “hoy cuando las parejas de heterosexuales no se quieren casar, las parejas de homosexuales sí se quieren casar, y eso es un valor, mas allá de que alguien pueda decir eso no es matrimonio,  pero eso es harina de otro costal, las relación de personas no terminan en un contrato mutuo tienen una resonancia humanitaria y social que demanda estabilidad, fidelidad, presencia, asistencia, compañerismo, capacidad de perdón. Yo creo que a las familias de heterosexuales esta realidad le tiene que significar un llamado porque esta gente reclama esto, creo que porque en el fondo también la familia se ha ido como descascarando, se ha ido agrietando y en ese punto a mi como cristiano, como sacerdote lo que me corresponde es no condenar a nadie sino que ayudar y amar a todos y proponer caminos. A esto en la iglesia lo llamamos verdad  y misericordia, no renunciar a la verdad pero seguir siempre el camino de la misericordia.

¿Cómo ve usted el tema de la droga?
—Hay una imagen que está en el documento de aparecida  muy acertada y gráfica. Es una mancha de aceite que se extiende sobre nuestros pueblos. La droga antes que nada es un problema comercial. Es uno de nuestros grandes desafíos a vencer, cómo venceremos eso, hay gente que opina que legalizándola se podrá mejorar. Es una cosa que desde la épica racional es pensable. Yo no estoy de acuerdo con eso nunca he avalado esa idea, pero si lo que me parece que será el mejor antídoto recuperar el valor central que reclama cada caso. El margen para la droga se da cuando se deshumaniza la vida, ahí hay margen para la droga. Yo creo que necesitamos un mayor compromiso de todos para vencer el fenómeno de la droga porque si no nos ponemos firmes para combatirla, y eso implica arriesgar porque hay que denunciar, perder seguridades,  y si no pasa eso no vamos a poder revertir la situación. Una parte es la prevención y la ayuda a las victimas pero la otra parte es  una gran cuota de heroísmo para luchar contra el narcotráfico.

¿Qué me dice del Papa Francisco?
Es una bocanada de aire fresco, un fenómeno del espíritu. Aquel hombre que en sus últimos años como arzobispo de Buenos Aires tenía una mirada como taciturna, gris, sometido a tantas dificultades internas y externas, de repente  experimenta en algo que solo es explicable con el don de Dios. Yo todos los días le pido a Dios que lo cuide  para que el cambio que está provocando  se consolide, algunos piensan que lo que  él  ha iniciado no puede volverse atrás, uno quiere  precauciones y mientras más se puede perseverar en esto será mejor porque entiendo que aquí se ha hecho  todo más lúcido, más transparente, brilloso, todo lo que el evangelio tiene para ofrecerle a la humanidad entonces doy gracias a Dios.
Bueno Padre me he sentido muy bien hablando con usted.

¿Desea agregar algo más a esta entrevista?  
—Muchas gracias, yo quisiera aprovechar la ocasión  para decir que soy una persona profundamente agradecida por la oportunidad que me dan de trasmitir el mensaje de Dios. Yo creo que soy un privilegiado. Tengo el privilegio de poder darles mi vida a los demás. Estoy profundamente agradecido de  todos los que me piden algo o esperan algo o me ofrecen ese lugarcito. Es una bendición muy grande poder darle tiempo, corazón, atención, poder estar junto al otro en esos  momentos  sagrados que son  las alegrías como los dolores más profundos. Yo soy un hombre como usted y como todos los demás,  tengo una vocación distinta,  especial,  que está marcada  por la presencia de Dios. Pero soy un hombre, no es un derecho que yo tengo, cuando la gente  me pide algo, aunque mas no sea  una bendición en una vereda de cualquier calle de Río Cuarto lo que me están pidiendo es que les haga presente a Dios y en eso me doy cuenta que el primer beneficiado soy yo por eso estoy agradecido.



Interesante la entrevista al Padre Carlos. Un sacerdote muy querido en su diócesis, una persona de corazón abierto que transmite confianza y humildad, un incasable trabajador de la fe .

Walter Bonetto
01 de abril de 2015
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