Mostrando entradas con la etiqueta esclavos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esclavos. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de julio de 2011

"La historia fue de todos"


Río Cuarto y su historia


    Río Cuarto es historia viva de esta región. Sus calles, sus casas, sus caminos vecinales, sus campos circundantes, su gente, su plaza, su iglesia. Todo puede mostrarse y entenderse casi  sincronizado para recorrer el camino de la historia y ser protagonista imaginario de la misma. Una historia que se hizo con sangre, sudor y lágrimas; una historia de la que participaron miles de hombres y mujeres, inclusive niños, personas que dejaron su vida  por el porvenir de esta tierra. También una historia un tanto oculta e ignorada  o conocida muy superficialmente,  pero cuando uno la profundiza se encuentra con escenarios tan tremendos y conmovedores que nos asombran porque muestran realidades muchas veces ignoradas. Una historia de la que participaron muchos hombres que figuran en el mármol  y en el bronce como líderes indiscutibles de tiempos pasados y hasta muchas veces cuestionados;  pero que también posee tantos hombres y mujeres atrapados por la indiferencia de los tiempos, -como muchas veces ocurre y preocupa-,  porque no siempre  figuran en  aquel mármol  ni en   aquel bronce, pero  también hicieron a esta ciudad y le dieron su grandeza dado que su protagonismo fue vital y decisivo.

   Todos ellos vivieron las esperanzas de los sueños; el sacrificio de los tiempos  pasados que muchos fueron tremendos y dolorosos, cargados de temores  y contagiados de  injusticias, muchas veces  tan atroces como perversas: las guerras civiles en donde los caudillos asaltaban cada pueblo y se hacían de prisioneros para sus bandas armadas; las invasiones de los indios tan tremendas como dolorosas y desesperadas; la despoblación de la Villa; las dos epidemias de cólera,  todo fue para este pueblo de La Concepción tan desastroso  que duele hasta  recordarlo. Pero ahí en el medio permanecieron tantos pobladores perseverando en una lucha por un destino tan incierto como impredecible.
 
Mirar al sur vigilando constantemente  el horizonte era el método para sobrevivir; permanecer en el “camino de las pampas”, era la formula exacta que llevaba al triunfo, porque si al camino lo levantaban, -como nos ocurrió en dos oportunidades-,  el pueblo moría. Todo fue una lucha tan permanente como sacrificada.  

    Precisamos hacer un homenaje a todos los hombres y mujeres de nuestra historia mas allá que no conozcamos sus nombres, pero no nos confundamos, fueron muchos, no solamente los que están en las placas y en los libros. Nosotros somos protagonista de   una historia muy amplia que ya había nacido dos siglos antes de que el Marqués de Sobremonte  colocara el palo de la fundación en este pueblo de La Concepción. En verdad, fue esta   una historia que todos participaron, desde los españoles con su arrogancia por esclavizar al aborigen,  hasta los  mismos indios  con sus tremendos malones.

    Todo fue una lucha constante y permanente hasta que “la civilización” dominó las pampas  corriendo al indio de manera despiadada  a los confines de la Patagonia, pero también sometiéndolo sin piedad una vez derrotado. Una historia que en este aspecto no se compadeció del vencido, porque aquellas tierras de donde lo expulsó se las terminó entregando a los grandes terratenientes,  muchos de ellos  extranjeros  que al final se dedicaron a “cazar los últimos aborígenes” casi por deporte y diversión. Y nosotros los argentinos, los criollos, los gauchos que muchas veces en la actualidad nos lavamos la boca con “la conquista”,  cuando tomamos el testimonio después de la independencia patria,   nos damos cuenta que obramos con mayor crueldad y desparpajo que el mismo español.

    Esta es en gran medida nuestra historia, llena de altibajos y de miserias por eso es que las heridas aún no cierran. Precisamos reconocerla con adecuada profundidad para contagiarnos de episodios  y comenzar a sentir un poco de vergüenza por las cosas malas que hicimos las que no fueron pocas.  La historia fue hecha por todos, por los españoles, por los criollos, por los indios, por los misioneros, por los pobres hombres y mujeres que vivían en las pampas con total desamparo y soledades de tiempos muy difíciles, por los maestros de postas, por los paisanos peones de estancias, por las negras lavanderas que estrujaban  ropas en el mismo río, por los primeros colonos, por los comerciantes, por los negros esclavos que habitaban en la Concepción. Todos ellos sin excepción en aquel marco de los tiempos formaron esta ciudad que según dicen “es un imperio”.

Walter Bonetto
9 de junio de 2011
El ranquel mirador 


walterbonettoescritor@gmail.com
Twitter: @walterbonetto
Página de facebook de Walter Bonetto

jueves, 10 de junio de 2010

Los Esclavos de La Villa de La Concepción del Río Cuarto


   Es indudable que el hombre abusó del hombre de manera calamitosa.  No alcanzaría todo el tiempo que ocupó  la llamada “conquista”,  para terminar de darnos cuenta de la vergüenza del ser humano sobre la “miserable empresa de la esclavitud en América”.  También nosotros en esta región que habitamos, fuimos de alguna manera protagonistas y cómplices de la misma, la que se ejercía despiadadamente para favorecer a los “señores poderosos” y que en su tiempo fue aceptada como sistema aprobado por las autoridades y también por la misma Iglesia católica, y no nos olvidemos que para los que profesamos esta religión “la iglesia somos todos” y que existe un mandamiento de Dios que dice “No mataras”, y ahora queda un interrogante ¿Sabe usted a cuántos aborígenes y esclavos matamos en América? Bueno… la cifra es escalofriante y la conducta del hombre vergonzosa y aterradora.

    Ahora bien, en el caso de nuestra   Villa de La Concepción de Río Cuarto,  vale destacar que por el año 1813 contaba con 1767 habitantes y había 150 esclavos, lo que no era un número bajo, todo lo contrario; si a esto le sumamos que muy pocos años atrás, había centenares de indios comechingones  y de algunas otras tribus, excepto los ranqueles, incorporados por la fuerza en las estancias vecinas por el “sistema de encomiendas”, y muchos de estos aún quedaron por mucho tiempo  producto  de aquel proceso, la suma de seres humanos sometidos a la esclavitud era muy alta. Sin contar a estos últimos,  estaban  en esta miserable condición de vida un 9% de aquella población, esto da la lectura de que había muchas familias acomodadas que se autodefinían como “nobles” o descendientes de nobles, o simplemente de clase económica holgada, y tenían el privilegio de tener “negros” a sus órdenes para lo que gustaran mandar, quienes los hacían trabajar despiadadamente de sol a sol, sin contemplación alguna, hasta que dejaran su misma vida.

   Durante el año 1815 el Alcalde de La Concepción  Don  Francisco Antonio Ortiz   cumpliendo rigurosas órdenes del Gobernador de Córdoba, emite un bando,  que además de hacerlo vociferar por todas las calles de la Villa con el pregonero del Cabildo, acompañado de tambor batiente, lo coloca en la puerta de la iglesia,  en el palo de la plaza y en todas las pulperías;  donde ordenaba el “alistamiento de esclavos”, los que serían destinados a Buenos Aires, para ser usados en   reforzar cuarteles militares  ante la sospecha de un desembarco realista sobre el puerto del plata.

     Así fue como no con poca resistencia de sus amos, desconformes con la medida de las autoridades de gobierno, dado que perdían mano de obra regalada, se reunieron a duras penas en la cárcel anexa al Cabildo, nueve candidatos para satisfacer al gobernador. El día   7 de febrero de 1815 por la madrugada con importante custodia  parten de la cárcel de La Concepción aquellos hombres  para continuar con su cruel destino y  fueron  enviados como carne de cañón con la escusa de defender el puerto. Si bien había esclavos mansos y dóciles  de reconocida conducta y bondad,  la crueldad no se hacía esperar y se les colocaron pesadas cadenas en brazos y piernas mientras que a  uno de ellos se le colocó calceta de hierro y grillos. Estos desgraciados hombres de nuestra historia eran: mulato Vicente, de 20 años; negro Angola Manuel, de 18 años; mulato Luciano, de 40 años; negro Mariano, de 22 años; mulato aindiado Tiburcio, de 27 años; mulato Bruno, de 14 años; negro Domingo, de 30 años; negro Pablo, de 20 años; y el negro Manuel, de 23 años.

   Según un censo realizado para determinar la población en Córdoba  se conoce que en el año 1822 en La Concepción  aún existían 63 esclavos, Felipe Guerra contaba con 6; otros tanto tenía Pedro Bengolea, igual que  Martin Freites , y así sucesivamente. Esta situación de poseer esclavos se mantuvo  por muchos años y de manera permanente  se hacían transacciones de esclavos en las tierras del río Cuarto. Se conoce fehacientemente  que en este mismo año  el negro Casimiro de 36 años es vendido  por Pedro Bargas a Bruno Malbrán y Muñoz por cincuenta pesos. El esclavo de 13 años Inocencio, fue vendido por Casimiro Castro en ciento diez pesos. La esclava de 18 años, Andrea, vendida  por Silvestre Acosta a Pedro Mendoza en doscientos pesos. La esclava Justa, de 29 años, Antonio Ortiz la vendió por doscientos pesos a Hermegildo Díaz; son estos algunos de aquellos negocios de carne humana tratada sin dignidad ni respeto que se cometían en lo que es ahora nuestra ciudad.

    Se conoce también como algunos años después, en 1826,  algunos esclavos eran liberados los 25 de mayo,  previo a un sorteo realizado en la plaza. (Así narra en su libro “Historia de Río Cuarto.” - Tomo II-  Víctor Barrionuevo Imposti) “En el año 1826 se celebraba con gran júbilo aquella fecha patria y el Alcalde don Bruno Muñoz y Malbrán, designó a dos vecinos para que tasaran y colocaran el precio a la esclava Petrona Ortiz que había sido favorecida por el sorteo para su liberación. La esclava fue valuada en doscientos pesos que era el valor de cuarenta vacas. El gobierno mandó de inmediato que se pagara ese importe a don Eusebio Ponce de León  y Petrona quedó en libertad”
Así observamos como el Alcalde que ahora promovía la liberación era el mismo  quien poco antes estaba comprometido con la compra y venta.

  Si bien existía una ley a partir del 1813 en donde todo hijo de esclava nacía en libertad  la picardía del hombre que buscaba cualquier artimaña para aplicar la trampa,  hacia mentir la edad de nacimiento y vendían a los pobres negros en localidades vecinas.  Aquellos hombres africanos que en sus tierras fueron cazados como animales por la sin piedad del hombre blanco, también fueron torturados y sometidos en nuestra Villa de la Concepción  por largos años, y es indudables que sus brazos, sus penurias y dolores  han contribuido a formar a esta actual ciudad y su sangre ha regado nuestra historia.


Walter Bonetto
10 de junio de 2010
Diario Puntal de Río Cuarto


walterbonettoescritor@gmail.com 
Twitter: @walterbonetto
Página de Facebook de Walter Bonetto