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miércoles, 6 de febrero de 2013

Opinión: ¿Desaparece la colonia agropecuaria?




    La tecnología, el progreso, la sojización, la evolución desmedidas de los “seudosadelantos” que van a paso apresurado en contra del medioambiente degradando la calidad de vida; la extrema “profesionalidad” en el uso de la tierra, que en muchos casos  ocasiona imprudencias inadmisible porque no respetan conceptos básicos, todo hace pensar que nuestro país en el orden de su riqueza agropecuaria va camino a una crisis sin precedentes por el mal manejo de los recursos naturales  que de manera inconcebible el hombre está ocasionando inconsciente e irresponsablemente.
    Gran parte de esta involución se observa en el campo con su actual “esplendor de decadencia” y lo más lamentable de todo esto que el manejo del suelo en las zonas altamente productivas está en manos de “profesionales especializados en agricultura” que deberían asegurar un uso correcto de estas fuentes de la naturaleza, pero  sin embargo los errores que se están cometiendo son realmente preocupantes, entonces debemos reflexionar: ¿estudiamos tanto en las universidades para terminar directa o indirectamente, siendo cómplices de una destrucción sistemática? ¿Nadie planifica un país mejor en este aspecto? ¿Son tan insensibles los gobiernos que no se dan cuenta de estos males?
    El uso de agroquímicos en el tratamiento de los cultivos que son altamente dañinos para el medio ambiente; las siembras descontroladas sin importar el derribo despiadado de bosques naturales; la erosión del suelo por su mal uso; la modificación de la genética en cultivos intensivos; la desaparición de la chacra mixta como unidad productiva de gran importancia; la desaparición de la colonia agropecuaria, verdadero baluarte del progreso regional. Todo esto forma un conjunto de irregularidades preocupantes que no  se compadece con la  realidad que exige el adecuado uso de la tierra, en comparación con la  preparación y formación de profesionales formados para que nos ayuden a cuidar nuestro espacio, sumado a  gobiernos con total falta de políticas acertadas con proyección de futuro en el campo de la agricultura, brindan un horizonte de desesperanza y preocupación.
    Hay algo que no encaja con la necesidad de preservar la vida y de respetar el medio ambiente,  así es que al compararse los tiempos, uno observa claramente que medio siglo atrás la actividad agropecuaria era más respetuosa de la naturaleza. Se realizaba con un proceso más sacrificado y menos productivo, pero el medio ambiente no se dañaba como en la actualidad en donde ahora existen altas tecnologías y profesionales más preparados para el manejo de los suelos pero sin embargo  los resultados están siendo lamentables porque prima la alta producción a cualquier precio.
    Son muchos los intereses económicos que juegan en esta cancha: las presiones empresariales de grupos de oportunistas y en muchos casos de avivados que usan las siembras extensivas como gran negocio y no dudan en alcanzar su objetivo de cualquier manera. Son estos intereses  motivados por medidas desacertadas de distintos gobiernos que se suceden y no entienden el problema agropecuario de la nación los que terminaron generando una gran decadencia por falta de planificación y reglas claras que aun los gobernantes actuales siguen sin advertirla. Ahora los síntomas están a la vista es necesario observarlas y por sobre todas las cosas DESPERTAR.

Dentro de esos síntomas debemos entender: la desaparición de la chacra mixta que se  a extinguido casi en su totalidad como unidad productiva de variada diversidad. El abandono de miles de establecimientos agropecuarios que fueron convertidos en potreros de siembra con instalaciones deshabitadas y en ruinas.  Las colonias agropecuarias que ya no existen  y los chacareros están solamente en el recuerdo, los que quedan son una excepción. Estas entidades fueron el motor de todas nuestras riquezas y desarrollaron a este país sin semillas transgénicas, sin fertilizantes, sin pesticidas, y sin asesoramiento de profesionales agropecuarios. Aquellos colonos llevaron al país a un alto margen de rendimiento con la responsabilidad el trabajo y el sacrificio y con gran inteligencia. Fueron aquellos gringos chacareros los que provocaron en gran medida la mecanización del agro, como Drueta, Rotania, con sus máquinas cosechadoras  revolucionarias para la época, y tantos más. Algo fue  pasando  después, nos encandilamos por el adelanto y el progreso sin importarnos preservar la vida para las nuevas generaciones. Solamente ahora pensamos en producir  a cualquier precio pero sin tener en cuenta  al medio ambiente ¿Estamos pensando en el futuro o nos estamos condenando al fracaso?
    No es bueno que esto ocurra, la desaparición de las colonias agropecuarias trae como consecuencias una involución desastrosa porque toda la maya rural se encuentra inexistente, se perdió la escuela rural, se despobló el campo, se  pierden sus costumbres, murió el club agrario  y la gran empresa  no vende a la cooperativa ni al acopiador local, pero tampoco compra en el lugar, así es que la colonia que no se ha perdido está en agonía. Quedarse en el campo no tiene incentivos, se sienten ciudadanos desamparados y entre los impuestos, los insumos, la falta de entendimiento del gobierno que da la espalda a uno de los más grandes de los motores de la economía nacional hacen perder el entusiasmo de los pocos que lo habitan.



Walter Bonetto
Periodico la Ribera. Diciembre 2012    Nº303

http://walterbonettoescritor.blogspot.com

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lunes, 28 de enero de 2013

Opinión: Planificar en tiempos de crisis

En la vida personal y desde el sentido común,  al observar a  nuestro alrededor puede resultar casi normal  encontrar  que hay muchos vecinos a quienes no les va bien, mientras que a otros en similares condiciones de vida y trabajo, los resultados son distintos;  pese que pasan también por momentos de crisis, alcanzan muchos de sus objetivos y se mantienen en el plano de logros significativos con relación a tiempos difíciles.

Seguramente si analizamos las causas de estas diferencias de resultados, mediocres o malos  para muchos y exitosos para otros, encontraremos que la directriz general radica en la organización y la estrategia que cada uno aplicaron ante situaciones adversas.  Lo mismo ocurre en el contexto de las naciones. Existen muchos países que con menores recursos no están tan a la deriva para enfrentar una crisis que responde a síntomas de recesión mundial, mientras que países con economías consideradas “de gran fortaleza”  están pasando por momentos de mucha adversidad. Esta crisis de gigantes seguramente contagia  al resto de las naciones menos poderosas   y esto pesa significativamente en la actualidad por pertenecer a  un mundo en gran medida muy competitivo y  globalizado en lo económico.

También lo cierto es que esta crisis de naciones “mayores” terminan  ofreciendo algunas ventajas a países en desarrollo, que con una adecuada estrategia  podrían lograr beneficios. En  el caso de Argentina, especialmente por el aumento internacional  de precios en las carnes y cereales, productos por los cuales tenemos gran posibilidad de producción, ponen a nuestro país en un lugar de gran privilegio. Por lo tanto  nuestro gran norte sería  preguntarnos ¿Cómo podemos mejorar esta producción tanto en calidad y en cantidad? Es posible que la solución no esté en aumentar la superficie a cultivar desmontando bosques autóctonos y desmereciendo la naturaleza. Quizás la solución este en una adecuada planificación actual y a futuro de las áreas cultivables y un programa de incentivo a la siembra orientada a pequeños y medianos productores de todo el país, medidas básicas y fundamentales que en la actualidad no se llevan a la práctica.

Parece que esto no es un objetivo nacional, y sin embargo debería ser un objetivo de estado más allá del momento político que transite la nación. Ocurre todo lo contrario la enemistad con el campo es tan manifiesta, que realmente preocupa las medidas que el gobierno toma en su contra, siendo que el campo es el principal motor de nuestras riquezas.

Así podemos concluir: que la conducta un tanto intempestiva del gobierno  no demuestra un compromiso real de “organización y estrategia” a nivel nacional que trate de comprometerse con una Argentina agropecuaria  y chacarera en todo el largo y ancho de la patria. Esto permitiría lograr una grandeza extraordinaria para organizarnos  en lo que nos enseñaron hacer nuestros abuelos en el rubro agropecuario y mejorar así esta actividad  que hoy en día nos daría tantos réditos y que no la sabemos aprovechar por falta de organización, de objetivos y de incentivos nacionales.

La riqueza agropecuaria es necesaria que sea cuidada, protegida, estimulada, planificada. Seguramente que esto le permitiría a nuestro país que nos fuera mejor; que la inflación no trepara a resultados escandalosos como los actuales, porque ingresarían a las arcas del estado mayor cantidad de recursos genuinos, que bien aprovechados podrían permitir un futuro más próspero y alentador. Es mucho lo que puede hacer Argentina en este aspecto dado que se posee un potencial extraordinario  que por desórdenes políticos y por intereses desmedidos de grandes grupos empresariales  no los está aprovechando y de esta manera se están degradando recursos naturales vinculados al uso y explotación de la tierra, mientras tanto el gobierno preocupado por expropiar el predio de La Rural,  nos dice que el mundo está en crisis y que al campo le va todo muy bien.

Walter Bonetto -
28 de enero de 2013
Exclusivo para  el Periódico La Ribera

miércoles, 7 de septiembre de 2011

¿Y La Chacra del Abuelo?

 En Argentina  cambió el campo, cambió la vida, la antigua chacra desapareció, se la llevó el progreso. ¿Será para bien o para mal? ¿Será progreso o involución?  Pero lo cierto es que la chacra antigua en general  ha muerto. Fue tanto el cambio y la transformación agropecuaria  que en la actualidad hasta parece potencialmente peligrosa. Lo que ocurre que varias décadas atrás uno andaba por el campo y encontraba una chacra mejor que otra, hasta parece que había una competencia en quien la tenía mejor: alambrados, aguadas, plantas de silos, arboledas, casa, huerta con frutales… todo era un conjunto armonioso en un establecimiento de campo que pertenecía a una colonia o a una zona rural bien definida en donde se caracterizaba por el progreso. Hoy la colonia perdió su tejido y los colonos en general desaparecieron, las casas  se abandonaron y muchas  instalaciones increíblemente quedaron en el olvido. No vale la pena   insistir sobre el porqué  de esta situación irreversible que fue transformando los métodos de la agricultura y de la ganadería en nuestra región. Cuando se habla de este tema enseguida se les tapa la boca a quienes lo argumentan: “nunca estuvo tan bien el campo como ahora”. Pero existe otra realidad incuestionable: Es como que el chacarero perdió su institución, perdió su título y hasta su futuro. Ahora no es lo mismo, dado que la “empresa” lo invade todo; los grandes grupos de siembra corren con enormes ventajas. En estos tiempos  el pequeño productor que aún ha quedado en pie, le es más beneficioso alquilar su campo a las empresas antes que trabajarlo por su cuenta. (Totalmente  inexplicable). En la mayoría de los casos las nuevas maquinarias poseen valores siderales que no están al alcance del pequeño productor. Seguramente que todo esto no es un parámetro de referencia alentador y da la sensación que algo está desencajado de la realidad. Aquel pequeño o mediano productor que años atrás  además de trabajar su chacra, alquilaba  un pedazo de tierra,  ahora ya no puede competir con la empresa para seguir alquilándolo, a lo sumo ahora le puede trabajar con sus herramientas al grupo de siembra aceptando el pago que le imponen. En definitiva: “hacer alguna changa”. Antes era normal que un productor comprara  alguna fracción de tierra vecina a su propiedad,  ahora ningún productor compra tierra  porque es inalcanzable. Los campos los compran las empresas. Todo esto no es una realidad prometedora, al contrario, se va desmereciendo la verdadera actividad agropecuaria y se rompe constantemente el tejido rural. Cada día son menos las chacras, y cada día el campo queda en menos manos y en manos de personas que no han sido del campo que son los inversionistas de los grandes grupos,  entonces la chacra del abuelo ha desaparecido.  Muy atrás quedo la época que al maíz se lo juntaba a mano arrastrando maletas de cuero entre los surcos y haciendo enormes trojas de alambre y cañas  hasta llenarlas con espigas,  las que afloraban formando un copete dorado; también atrás quedaron las grandes parvas de trigo y el trabajo de tantos hombres y mujeres levantando pasto con horquillas, y sin embargo con aquellos métodos de tantos sacrificios Argentina fue granero del mundo y la única empresa era el chacarero y su colonia.  Hoy estamos progresando,  no se arrastra mas la maleta, no se usa mas la horquilla, tampoco se desyuya con azadas los sembrados,  pero al campo se lo convierte en una gran industria cada día más deshumanizada, lo que es altamente peligroso porque además de estar despoblando las colonias también estamos rompiendo el equilibrio con la naturaleza en los manejos del suelo. No debemos volver a lo pasado hace décadas para arrastrar las maletas con las espigas de maíz, pero tampoco debemos borrar las colonias agropecuarias porque en esas colonias trabajaron nuestros abuelos poniendo cada espiga y abriendo cada surco para darle grandeza a esta nación. El sacrificio de ellos, inmigrantes y criollos fue extremo, titánico, patriótico, ¿por qué entonces perder la chacra?  ¿Por qué entonces perder un sistema de trabajo y esperanza  que dio excelentes resultado al país y que hizo la grandeza de esta nación?  Es posible que no se vea el objetivo y así estamos perdiendo el rumbo enloquecidos por sembrar más hectáreas de soja, por talar más montes nativos, por tratar el suelo con irresponsabilidad, por llenar de pesticidas el ambiente, por hacer que nuestros terneros no caminen por el campo y sacrificarlos en un corral hasta su venta; lo mismo con los cerdos, que ni moverse  pueden en las celdas que los condenan los “modernos criaderos” ¿hacia dónde vamos con esta conducta? Volvamos por favor a la chacra del abuelo aunque tengamos que arrastrar la maleta. Respetemos y apoyemos al verdadero productor agropecuario. Humanicemos al campo que es uno de los trabajos más sagrados de nuestra patria.

  


Walter Bonetto
Miércoles 7 de septiembre de 2011
Diario de La Rural ciudad de Río Cuarto


walterbonettoescritor@gmail.com
Twitter: @walterbonetto